En
O’Caldiño, nuestro
restaurante gallego en Madrid, el vino no es un acompañamiento: es una forma de contar quiénes somos. Por eso
Viña Ilda no es un vino más en nuestra carta. Es nuestra historia embotellada, un homenaje a nuestras raíces y, sobre todo, a una mujer que representa a tantas otras: mi abuela Ilda.
Viña Ilda: un homenaje a la mujer rural gallega
Ilda era la madre de mi padre. Una mujer fuerte, trabajadora y silenciosa, como tantas mujeres del rural gallego. Cuando mi abuelo emigró a Lisboa, ella se quedó sola sacando adelante a la familia: criando a sus hijos, trabajando la tierra, cuidando los animales y sosteniendo una casa que dependía absolutamente de su esfuerzo.
Años después, cuando mi abuelo regresó, juntos montaron el
Bar Horacio en nuestra aldea. Él atendía la barra; ella llevaba un pequeño economato, imprescindible en un lugar donde no había tiendas ni mercados. Además, daban comidas bajo la viña. Esa imagen —la viña, la comida compartida, el vino de la casa— forma parte de nuestra memoria familiar y también de la filosofía de O’Caldiño.
Viña Ilda nace como un homenaje a esa mujer rural gallega, a su trabajo invisible y a su papel fundamental en la cultura del vino, muchas veces olvidado.
Taboeixa: viñedos centenarios entre historia y atardeceres
Las uvas de Viña Ilda nacen en
Taboeixa, una zona verdaderamente especial del sur de Galicia, en la subzona
Condado do Tea (DO Rías Baixas). Es un lugar cargado de historia y belleza: petroglifos grabados en la piedra, restos de antiguos castros hispano-romanos y hallazgos arqueológicos como una estatua del dios Mercurio que hablan de un territorio habitado y trabajado desde hace siglos.
Pero más allá de la historia, Taboeixa tiene algo difícil de explicar y fácil de sentir:
paisajes abiertos, viñedos antiguos y puestas de sol que se te quedan dentro. Allí trabajamos un viñedo de más de 100 años, del que obtenemos una
uva 100 % albariño, cultivada con respeto y a pequeña escala.
La elaboración la hacemos en colaboración con una
bodega muy pequeña y de nuestra absoluta confianza, también en la zona. Queríamos un vino cuidado, honesto y fiel a su origen.
Un albariño especial, fresco y con alma
Venimos de una tierra donde casi todo el mundo tenía viña y hacía vino para el año. El vino era autoconsumo, familia, conversación. Mis tíos, tanto maternos como paternos, siguen elaborando su propio vino hoy en día. Nuestra vida está profundamente ligada a la tierra, pero siempre
a pequeña escala, sin pretensiones industriales.
Cuando mi padre supo de la existencia de este viñedo, decidió dar el paso. No buscábamos hacer “el vino de la casa”, sino algo distinto:
un albariño fresco, afrutado, equilibrado y de gama media, un vino especial dentro de nuestra carta, pero accesible y pensado para disfrutar en la mesa.
Viña Ilda no es un vino para todos los días, pero sí para los momentos que importan.
Producción limitada y exclusiva para O’Caldiño
La producción de Viña Ilda es
muy limitada. Se elabora exclusivamente para nuestro restaurante gallego en Madrid y no se distribuye ni se comercializa fuera. Solo si el cliente lo desea, puede adquirir un
pack de dos botellas, y siempre únicamente en el local.
Hemos recibido ofertas para su distribución, pero siempre las hemos rechazado. Porque este vino
no quiere crecer, quiere permanecer. Queremos que siga siendo un vino de O’Caldiño, de un negocio familiar que mantiene vivas sus tradiciones y cuyo objetivo es que quien entra por la puerta se sienta como en casa.
Y en cualquier casa gallega, el vino propio es una forma de bienvenida.
Las mujeres y el vino: una historia que también es nuestra
Este vino también es un reconocimiento a algo que viví desde niña. En el pueblo, en
As Neves, los días de mercado eran las mujeres las que hablaban entre ellas de la cosecha, de cuántos cabazos de vino había dado el año, de si sobraba uva o no. Eran ellas quienes negociaban directamente, en los años 80 y 90, la venta de excedentes a los bares de la zona.
Hoy eso ya no es posible: los vinos deben cumplir controles, análisis químicos, normativas estrictas. Los excedentes solo pueden ofrecerse en un furancho o se vende la uva a bodegas. Pero antes,
las mujeres campesinas llevaban el pulso del vino, porque de esos excedentes de vino, huevos o productos de la huerta salían ingresos extras absolutamente necesarios.
Viña Ilda es también un homenaje a todas ellas.
O’Caldiño: tradición, familia y vino propio en Madrid
En
O’Caldiño creemos que la tradición no es mirar atrás, sino
saber de dónde vienes para decidir cómo quieres avanzar. Por eso servimos el vino de nuestros propios viñedos. Por eso Viña Ilda solo se bebe aquí. Y por eso cada botella cuenta una historia de tierra, familia y memoria.
Cuando brindas con Viña Ilda en nuestra mesa, no solo estás bebiendo un albariño de Rías Baixas.
Estás entrando en nuestra casa.